3/20/2008

LUSTRO SIN LUSTRE



La escena en Ocean Drive era bizarra. Blancas lápidas de plástico alineadas sobre la grama simbolizando un camposanto y en cada una el nombre, rango y la edad en que falleció la víctima en Irak. El promedio no superaba los 25 años. Al leer sus nombres uno podía imaginar bombas a la orilla del camino, ráfagas de metralla, sudor en las botas y sangre coagulada sobre el uniforme. Al frente, los edificios Art Deco con sus restaurantes llenos. Al fondo, el mar de un azul fascinante. Alrededor de las lápidas, miles de jóvenes caminando en traje de baño. Comenzaba el spring break y todos en South Beach se entregaban al rito de playa, licor, música y diversión. Cualquiera ellos podría haber estado a esa hora mordiendo el polvo en Irak. Pero no les tocaba. Nadie los reclutó. A ninguno parecía interesarle el letrero que rezaba “Tráiganlos de vuelta casa”

Se cumplen 5 años de guerra en Irak. Han muerto casi 4 mil soldados estadounidenses, más de 80 mil civiles iraquíes, se han gastado 650 millardos de dólares y el horror no termina. Irak es el fracaso mas grande de la guerra contra el terrorismo, esa absurda idea de que solo con violencia se puede vencer el odio. Lo que comenzó el 19 de marzo de 2003 con un espectacular bombardeo al bunker de Saddam Hussein es hoy en día un callejón sin salida: el final de una brutal dictadura se ha transformado en una sangrienta guerra interna que conduce a mayores incertidumbres. Hasta ahora solo ha ganado la industria armamentista, esa perversa maquinaria que convierte cada explosión en sus ganancias.

También han sacado partidos los radicales, esos que como decía Pessoa no tienen conciencia de nada, porque ni siquiera tienen conciencia de que no tienen conciencia. En nombre de Dios, la democracia, la libertad, el nacionalismo y cualquier otra excusa, han inflamado las pasiones a la vez que sepultan la razón. Cinco años después del bombardeo el mundo sigue secuestrado por radicales para quienes un columna de humo negro es señal de progreso.

Y lo peor de este lustro son las cosas que todavía se escuchan. Dos chicos con torso desnudo y cadenas de oro colgando de sus cuellos conversaban junto a las lápidas. “¿Cómo acabamos de una vez con esta guerra?” preguntaba uno. La respuesta de su amigo fue contundente. “Volándole la cabeza al enemigo, como hago en mi computadora jugando Kuma War”

3/13/2008

ALIADOS


Una revolución se viene cocinando en distintos lugares del planeta. Asuntos del destino me acerqué a ella, y les confieso, impresiona esta maravillosa confabulación que de alcanzar sus objetivos podría darle un giro al mundo en que vivimos. Esta revolución desea cambiar nuestras conciencias para así transformar la humanidad. El asunto es serio, y con la tecnología disponible, este movimiento opera ya en todo el globo, propagando su mensaje como un virus. Es la Alianza para una Nueva Humanidad, una iniciativa fundada por individuos como el juez Baltazár Garzón, el Dr. Deepak Chopra, el músico Ricky Martin y el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, entre otros.

La dinámica resulta sencilla: la persona se convierte en parte del cambio al transformar su conciencia, lograr una diferencia en su comunidad a través del servicio y compartir su pasión interconectándose con otros. De una forma que combina lo espiritual con lo pragmático, la Alianza se propone cambiar la misión, prioridades y relaciones entre individuos, corporaciones y países. Suena utópico, pero como me dijo Deepak Chopra en una entrevista: si crees que es posible, entonces lo será.

Con una visión de unidad en medio de las diferencias, la Alianza busca soluciones creativas a cuatro de las tendencias globales que están definiendo nuestro presente al preguntarnos: ¿escogemos la guerra o la no violencia?, ¿pobreza o equidad?, ¿degradación ambiental o sostenibilidad?, ¿discriminación o Derechos Humanos?. La opción es nuestra, y el deseo de esta Alianza es crear una nueva narrativa para la humanidad donde la solidaridad, el amor, la compasión y la paz sean las líneas directrices. Si desea más información, puede visitar www.anhglobal.org  

¿Muy comeflor? Quizás si, pero quizás también, muy cierto. Si aceptamos que creamos al mundo con nuestros pensamientos, y que esos pensamientos moldean nuestra percepción de quienes somos y el mundo en que vivimos, entonces la Alianza apunta a la raíz de todos los conflictos y triunfos que hemos tenido como especie: la conciencia individual. Y si podemos llevar esta conciencia a un nivel superior, entonces podríamos sintonizarla con el colectivo, y por qué no, con ese universo del cual sabemos que no somos su centro. www.elibravo.com/caldo.php

3/09/2008

EL VIRUS NACIONAL


El nacionalismo es argumento para todo, especialmente para las grandes manipulaciones. Música para oídos militantes, se vale de verdades a medias para impactar el corazón de los ciudadanos. El resultado suele ser un sarampión colectivo que aparte de fiebres y delirios, suele dejar sus marcas en la piel. El nacionalismo es como un venda en los ojos: nos impide ver más allá de las narices.


En su constate huída hacia adelante, Hugo Chávez juega ahora la carta nacionalista en su intento de polarización doméstica y regional. Como señala Boris Muñoz en su Carta desde Caracas para la revista Gatopardo, Chávez es un líder que sale de sus problemas creando otros mayores, un agitador de oficio que depende del impacto para distraer la atención. Con una gestión malherida, inflación sobre el 5% en los dos primeros meses del año y unas elecciones en ciernes, su apuesta es revolver las fibras del venezolano alertando que ante las amenazas del exterior, solo la unidad monolítica podrá salvar la patria. Por ello intenta teñir las pasiones con el rojiverde de la revolución, ese cóctel cívico-militar que hasta ahora solo ha dejado una profunda resaca.


El conflicto con Colombia viene escrito con ese guión nacionalista, aderezado seguramente por ciertas sub-tramas que no deben ser desdeñadas, como las presiones de la industria armamentista que ha encontrado en Venezuela un cliente de excepción, e igualmente, en Colombia, un mercado a largo plazo. Ciertos círculos de negocios en Moscú, Washington y Minsk, deben leer las noticias de esta crisis con un interés nada santo: a mayor retórica, más posibilidades de asegurar otro contrato de fusiles, aviones o municiones.


Una de las pocas vacunas contra el nacionalismo es una verdadera democracia, pero aún así, podemos decir que es parte de la condición humana contraer esta enfermedad. Ecuador y Colombia han experimentado sus brotes en estos días, y para el presidente Uribe, una alta temperatura en el fervor nacional ante las acciones de la guerrilla y de Venezuela puede ayudarlo en su interés por conseguir otra reelección.


Lo peor del nacionalismo es que pocas personas son capaces de diagnosticarse. A diferencia de la gripe, este virus crea la ilusión de que a pesar de los malestares se está mejor que nunca.


3/04/2008

UN AMERICANO EN PYONGANG


Casi trescientos gringos aterrizaron en Corea del Norte dispuestos a conquistarla. En lo que ha sido la incursión del mayor contingente de estadounidenses después de la guerra del 50, la Filarmónica de Nueva York interpretó en el Gran Teatro de Pyongyang la música de Dvorák, Wagner, Bernstein, Gershwin, y lo más sorprendente, el Star Spangled Banner ante una audiencia de burócratas, oficiales de alto rango y diplomáticos. Cuando la orquesta cerró con Arirang, una pieza clásica del repertorio folklórico coreano, algunas lágrimas brotaron en la sala. Como un puente sin palabras, la música fue capaz de saltar todas las barreras ideológicas. Al finalizar los aplausos sonaron por más de 5 minutos.


“Podemos decir que fue una misión cumplida” comentó el director Lorin Maazel tras el recital “y quizás hayamos logrado instrumentar la apertura de una puerta”. Ojalá, aunque en la Casa Blanca el comentario fue que un concierto no cambia la historia y Corea del Norte tiene tareas pendientes con la democracia y el desmontaje de su programa nuclear. En Pyongyang el concierto fue televisado, pero la radio, el verdadero medio de poder, hizo mutis absoluto y la prensa controlada por el gobierno relegó la reseña a páginas internas, desplegando en primera plana el ramo de flores que Kim Jong Il envió a Raúl Castro para felicitarlo por su nuevo cargo.


¿Virtuosismo perdido en el aire? Lo dudo. En este mundo globalizado son los cambios sutiles los que dibujan grandes sucesos y no hay mejor estrategia para desmontar una tiranía que inyectar en la gente una pasión por lo sublime, la justicia y la libertad. Aislar a Corea del Norte, como se ha aislado a Cuba y Birmania, o en el pasado se hizo con China o Rusia, solo enquista el poder en el corazón de los pueblos. Para los músicos clásicos norcoreanos, acostumbrados a interpretar melodías nacionalistas y alabanzas al líder, esta fue una oportunidad ideal de tocar de primera mano, literalmente, la corriente universal del arte en un mundo que cada vez se hace más pequeño y dinámico.


Y para el año que viene Eric Clapton ha sido invitado a Pyongyang. Dicen que Kim Jong-Ill es fan de “manos lentas”. Para una nación donde el rock y el pop están prohibidos por ser mala influencia, este es un gran cambio. Quizás la experiencia china le está abriendo los ojos a la élite norcoreana.


Habrá que ver sus rostros cuando Clapton toqué los acordes de Cocaine

EL RELOJ MORTAL

Hubo un tiempo cuando el nombre de Fidel tronaba duro en mis oídos. A mediados de los 80, en los católicos pasillos de mi universidad Andrés Bello, para algunos estudiantes hablar de Cuba resultaba excitante: Festival de Cine en La Habana, Nueva Trova, David versus Goliat, la Medicina Revolucionaria, el Socialismo Posible, en fin, el cuento de la utopía en grageas para consumo de jóvenes impresionables ante una sola cara de la moneda. Ya me resultaba incómodo que Fidel tuviese 30 años atornillado al poder, pero cuando visitó Caracas en 1989 para la coronación de Carlos Andrés Pérez, causando un revuelo periodístico con su porte de vedette y su retórica incendiaria, debo confesarlo, su imagen de mito latinoamericano todavía aguantaba las críticas.


Diez años después, ya en Miami, su nombre traía malos vientos. En las historias de los exilados, en las noticias amarillas o a full color, en la terca realidad que siempre se impone, Fidel se convirtió en una pesadilla, una dictadura, un fracaso. Tras la máscara del mito pude ver la sombra del hombre que engañó a su gente. Cuba podía ser el Buena Vista Social Club, el alma de un pueblo tiene raíces profundas que escapan a las circunstancias, pero también, era el drama de los presos políticos y de los balseros que huían porque la isla les resultaba una cárcel.


Y ahora Fidel se apaga. La historia jamás lo absolverá. Su cuerpo acabado por la enfermedad es la metáfora de su legado: una lucha perdida, un sueño ajado que terminó en resaca. Un hombre y sus circunstancias que se evapora para alivio de los cubanos. Un muerto en vida que se entibia entre el odio y la lástima. Sin poder, Fidel es un amasijo de carne y tendones. Su nombre va perdiendo peso. Es cuestión de un ventarrón para que desaparezca en el aire. Su tiempo se ha terminado.


No viví el amanecer de la leyenda, pero asistí al atardecer del mito y el ocaso del ser mortal. Y como sucede siempre, pesa más el legado que todas las promesas hechas. El lugar de Cuba en este mundo que vivimos es la prueba mas contundente de que un hombre puede orquestar el desastre, y peor aún, que siempre existirán seres humanos que lo acompañen.


Y no  puedo evitar preguntarme


¿Cuál es la hora en el reloj de Hugo Chávez?

LA UNION QUE SERA

La velocidad del cambio poblacional en los Estados Unidos amenaza con dejar en el andén a quienes añoran un futuro arraigado en los ideales del pasado. Para el año 2050, según el Centro Hispano Pew, el número de habitantes pasará de los 296 millones registrados en 2005 a un total 438 millones, donde los blancos no hispanos serán el 47% mientras que los hispanos llegarán a ser el 29%, pero además, el 19% será inmigrante, es decir, uno de cada cinco estadounidenses. Este salto será producto de 67 millones de seres humanos que cruzarán la frontera y los 50 millones de hijos y nietos que tendrán.


Ser All American pasará a significar otra cosa.


Las cifras pueden ser argumento para cerrar las fronteras y detener la mutación del país. Esto sería un error, y una pérdida de tiempo. Incluso en un escenario de bajas tasas de inmigración, bien sea por legislaciones más restrictivas o muros más elevados, la población hispana seguirá creciendo hasta ser al menos el 26% y la razón es muy sencilla: hay mas gente del lado de afuera y la tentación (o necesidad) de cruzar la línea es muy grande.


Pero siempre hay juego en los números. El informe asume que los nietos de inmigrantes hispanos, la tercera generación, se identificarán como hispanos y quizás no sea así. Si bien los indios precolombinos no sabían de fronteras y desde la fundación de San Agustín a mediados del siglo XVI han vivido en estas tierras gente de herencia española, no fue sino hasta 1980 que el término hispanic fue acuñado para efectos del Censo. Hispano engloba muchas cosas, fundamentalmente un origen en España o América Latina, y una tradición cultural. ¿Entenderemos lo hispano en el 2050 de la misma forma que ahora? Muy probablemente no.


La dinámica global y el refinamiento de medios de comunicación y transporte harán que esta marejada humana, diversa y rica en cultura, siga definiendo su identidad como grupo, y a la vez, defina al mismo país. En un proceso múltiple de asimilación, adaptación y fecundación, Estados Unidos irá mutando de la misma manera que lo ha hecho en el pasado: definiéndose como nación en la medida que cambia su gente.

En la medida que esta riqueza pueda ser gerenciada en función del progreso y la justicia el país evolucionará. En caso contrario intentará huir a contracorriente de un fenómeno que es mucho más fuerte que todo discurso político, prejuicio étnico o sueño de pureza.

DAME MAS

El poder es un vicio. Una adicción que se incrusta en el alma de las sociedades, haciéndoles perder el control y olvidar sus reglas. Cuando el vicio engancha se buscan todas las excusas y atajos para saciar la necesidad, dibujando así un círculo donde se alimenta el dependiente y sus allegados. Porque el poder no solo eleva al que manda, sino también arrebata a sus subordinados.


El mundo está lleno de viciosos. Presidentes y dictadores que se aferran al poder usando toda clase de artimañas, alcahueteados por funcionarios y seguidores que alaban sus logros y se hacen la vista gorda ante sus abusos. A medida que pasa el tiempo la adicción abraza más fuerte y así llega el momento cuando todos se encuentran asfixiados, envueltos en una trama de egoísmos y mentiras que jamás soñaron en las primeras noches de esa pasión que desquicia a los pueblos encantados con sus mandatarios.


Hay viciosos perdidos, son quienes vencieron los escrúpulos a la sangre: Castro, Mugabe, Kim Jong Il, Niyazov, Al-Bashir, la lista es larga. Los hay también blandos, son los que disfrutan el high del poder y resultan insaciables: Chávez, Putin, Musharraf, a su manera los Bush y los Clinton, y quizás haya que incluirlo, Uribe. Los perdidos son letales, enfermos para quienes la vida carece de valor. Los blandos son peligrosos, adictos que con sus hábitos van minando las democracias al venderle a la gente la idea de que la alternancia en el poder es una opción y no una condición del libre juego político. Ellos con su obsesión de mando no solamente están cerrándole el paso a otros actores y generaciones, sino que están acostumbrando a sus conciudadanos a una sola manera de ver las cosas.


Puede que algunos viciosos blandos sean capaces de mostrar una buena gestión. Pero eso no es suficiente para torcerle el brazo a las leyes con el respaldo de las mayorías. La democracia es un juego de equilibrios que busca defender a las sociedades de los personalismos, pero también, de las enfermedades colectivas. Y lo digo por Alvaro Uribe, quien ha sido un presidente popular, con un mandato que arroja saldo positivo y un político sagaz. Pero al enviciarse con el poder estará inoculándole a su país otra dosis de ese mal que ojala sea superado algún día: el caudillismo debilitante que ha lastrado la modernización de América Latina.